miércoles, 9 de abril de 2008

Cómo acabar de una vez por todas con Dogma 95

Retomo el debate sobre Dogma 95 con el siguiente fragmento del artículo El documental y la cultura de la sospecha, escrito por Josep Lluís Fecé y publicado en el libro "Imágenes para la sospecha. Falsos documentales y otras piruetas de la no-ficción" (Editorial Glénat).

[...]

Afortunadamente, disponemos de argumentos suficientes para poner entre paréntesis la supuesta transparencia de la imagen y liberar al documental de la obligación, igualmente supuesta, de restituir la realidad de la forma más objetiva posible. De todas formas, todavía quedan, en el terreno de la práctica, algunos cineastas empeñados en resucitar el debate sobre la transparencia: el (pen)último intento, la astuta creación del logo Dogma 95 por parte de Lars Von Trier y un grupo de amigos. El realizador danés decide pergeñar, junto a un grupo de socios inversores, una especie de manifiesto (seguramente pensado para jóvenes menores de treinta años) que recoge los aspectos más vistosos y superficiales del cine directo de los años sesenta y setenta. Se supone que la utilización de equipos ligeros de filmación (en este caso de cámaras digitales), el rodaje en exteriores, el recurso a actores no profesionales o simplemente, a personas como usted y como yo, la negación del montaje o de la edición, ha de devolver al cine su capacidad de reproducir el mundo real o una mirada no contaminada por aprioris, clichés y tópicos.

[...] en su día, el cine directo dio un nuevo impulso al debate sobre la naturaleza de la imagen en movimiento y, desde luego, cambió el concepto y la práctica de la puesta en escena. Pero sobre todo, renovó el debate sobre la posibilidad de usar los films como instrumentos de acción social. Ni rastro de ello en el manifiesto de Von Trier y compañía. Y aunque, afortunadamente, pocos críticos y cineastas se han tomado en serio el revival de Lars Von Trier y sus amigos, no cabe duda de que tanto el Dogma 95 como el debate (estéril) sobre la falsedad de las imágenes está teniendo cierta repercusión en un momento en el que proliferan todo tipo de escuelas de cine y por consiguiente, jóvenes dispuestos a convertirse en directores famosos tras unos pocos meses de prácticas. Así, no es necesario ser un especialista para darse cuenta de que las escenas de un film como, por ejemplo, Los idiotas (Idioterne, 1998), nada tienen de espontáneas, al contrario, revelan una calculada imperfección; ni el peor de los estudiantes de las cada vez más numerosas escuelas de cine y vídeo del mundo editaría o iluminaría las escenas de ese modo. Ahora bien, películas como la citada permiten a esos estudiantes soñar con la posibilidad de transformar su inexperiencia en categoría estética (algunos lo consiguen), mientras que Lars Von Trier y sus amigos obtienen unos ingresos extra gracias a la expedición de certificados Dogma solicitados por directores noveles de todo el mundo, deseosos de conseguir una pequeña, aunque suculenta, porción de mercado, teniendo en cuenta que para ellos sólo basta una inversión mínima (tanto creativa como económica).
[...]

6 comentarios:

Tricobezoar dijo...

Pues yo creo que las normas, en general, no perjudican (o benefician) sino a quien decide acatarlas, y por ello son bastante inofensivas en sí mismas.
Por otra parte, alguna vez he oído decir a Lars Von Trier que el haber crecido en el seno de una familia más que acomodada y el haberlo tenido prácticamente todo, era lo que provocaba su búsqueda constante de obstáculos y barreras que ponerse a sí mismo para poder darse el gustazo de salir adelante con sus proyectos a pesar de sus trabas autoimpuestas. Así, la prohibición que nunca tuvo la busca él adrede como método de creación, lo cual me parece bastante más loable que el conformismo al que nos tiene acostumbrada la mayor parte de la humanidad.
Los resultados ya son otra cosa, y el gusto de cada uno, asunto suyo. Pero tanta polémica en torno a lo que para mí (y sospecho que para Von Trier) son nada más (y nada menos) que divertimentos, me da que al danés le haría esbozar una sonrisa bastante satisfecha.

Millana dijo...

La estética de la calculada imperfección ya se usa hasta para los tv shows y abunda en los videoclips, es un signo de frescura, de autenticidad y sobre todo de juventud, Es como lo de escribir sin faltas que ahora esta tan mal visto y provoca suspicacias en quien te lee, no es nada enrollado.

Anónimo dijo...

puto godard, debes ser la unica persona en el mundo que en el año 2008 todavía habla del dogma 95. puto puto godard

El Nabo dijo...

oiste al larsito decir éso tricobezoar???? la madre que lo parió. sinceramente si yo quiero partirme el ojete pq no tengo tiempo libre sino que soy la personificación del mismo, me grabo a mi y amis amigotes entorno a un vaporizador, o si me sobra la money y nadie me impide desfasarme diría:

1.- que salgan tetas.
2.- que salga yo.
3.- que haya almenos una felación.
4.- que la actuación de los actores se torne imperceptible. osea, q salgan tetas. pero que se 'salgan' de los sostenes.
5.- rodar en mi keli (por los sofaes)
6.- pillar unos grametes.
7.- sonidos guturales.
8.- timba póker.
9.- la cámara debe dejarse.. por ahí cerca, mismamente.
10.- títulos de qué?

El Nabo dijo...

ah, de crédito. vamos a por más grametes.

Anónimo dijo...

el dogma 95' fue un chiste, y las películas que les gustan a los de puto godard son una mierda...¡viva el Tio!...

juan manuel