Salí un ratito de fiesta con unos amigotes borrachuzos que seguro que son una mala influencia, y, volviendo a casa de buena madrugada, empecé rebuscar infructuosamente por todos mis bolsillos. Recorrí cuatro veces todas las aberturas posibles en mis pantalones y siete u ocho veces todos los recovecos de mi abrigo, y llegué a la conclusión de que había perdido el teléfono móvil (me lo habían robado, supongo, y yo tan feliz pensando que me habían metido mano en la disco), y también he perdido (robado) todos los pequeños pero valiosos bits de información que había dentro.
Chicas, en serio, he perdido vuestro número de teléfono, llamadme vosotras. Estoy esperando, sentado en el sofá junto a ese maravilloso teléfono fijo que no se pierde nunca, pensando en la cola que me tendré que tragar mañana para comprar otro móvil y volver a estar en la onda.
Puto Godard.
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domingo, 16 de marzo de 2008
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